The Wattpad Avengers - Blog de Reseñas y Ayuda a Escritores: La Vida Normal de un Wattvenger: Capítulo 3

La Vida Normal de un Wattvenger: Capítulo 3

¡Hola otra vez! Aquí estoy de nuevo con esta historia tan... ¿extraña? que nos está saliendo. Aviso de que es un poco (bastante) pervertida y es mejor que no lo lean los sensibles.

¡Gracias!


— ¡Mi mamá se piensa que perdí mi virginidad! —gritó Erea a los cuatro vientos, haciendo que la gente de su alrededor se girara sorprendido, y que varios adolescentes machos la miraran con interés.
— ¡Espera, Erea! —gritó Loly intentando detener a la otra. «Así si que perderás la viginidad, como sigas gritando eso», pensó. Yami se había caído varias manzanas atrás y se había quedado con la falda levantada y con un puñado de adolescentes intentando acercarse a ella pervertidamente. Loly no se había parado porque no se había dado cuenta hasta minutos después, cuando giró la cabeza hacia todos lados buscando su presencia—. ¡Vuelve foca pervertida!
— ¡Y MI AMIGA ME DICE QUE ESTOY GORDA! —lloriqueó Erea todavía más fuerte, como si aquello fuera más doloroso que que su madre pensara que era impura.
— ¡CÁLLATE TONTA! —le reprochó Loly aún persiguiéndola.
— ¡Y QUE SOY RETRASADA MENTAL! —añadió Erea tras lanzar un agudo chillido que le partió las gafas a una señora que pasaba a su lado.
Loly se quedó con la cara atontada. Ella no había dicho que fuera retrasada. Al final, Erea, quien no tenía mucho aguante físico, tuvo que detenerse con los ojos llenos de lágrimas, e intentó llamar a su madre. Loly la alcanzó y le arrebató el móvil.

— ¿Qué piensas hacer, tonta? ¿Explicarle que le gastamos una broma a un chico para que se acostara con un gay? —le preguntó irónicamente Loly.
— ¿Y qué le digo? —replicó Erea llorosa.
Loly sonrió pícaramente.
— ¿Sabes...? Conozco a alguien... que puede ayudarnos.
Yami en ese instante llegó corriendo, escapando de una estampida de chicos que no paraban de pedirle una cita algún día. Se escondió detrás de Erea, y en cuanto los muchachos miraron a las tres, empezaron a rodearlas.
— ¡¿Qué carajo pasa aquí!? —preguntó Loly molesta.
— Me llevan siguiendo un buen rato, y yo no os daba encontrado —lloriqueó Yami asustada.
Un muchacho le acarició las piernas subiendo lentamente, y haciendo que Yami pegara un salto y un grito. Fue entonces cuando Loly empezó a dar puñetazos. Dos chicos cayeron al suelo y los que estaban detrás la miraron atemorizados.
— Quien se vuelva a acercar a nosotros —amenazó— se quedará sin dientes, ¿entendido?
Los muchachos asintieron y se marcharon asustados hasta una distancia prudencial.
— ¡Me importa una mierda esos chicos! —gritó Erea—. ¿Quién me puede ayudar?
— Conozco a una chica que trabaja en un laboratorio cerca de aquí. Según me ha contado, cosa que es un secreto aún en pruebas, han descubierto una molécula que si se le aplica al cerebro, es capaz de hacer olvidar. Según me ha explicado, esto se puede manipular y puedes hacer olvidar justo lo que necesites.
— ¡VAMOS! —exclamó Erea, tirando a Loly de la oreja.
— ¡Pero hay un problema!
Erea se detuvo, y Yami miró a Loly con interés.
— ¿Cuál es?
— Esto aún está en fase de prueba, por lo que los riegos son bastante altos. Hay un treinta por ciento de probabilidades de que tu madre olvide todo y tenga una amnesia permanente.
— ¡LO ASUMO! ¡VAMOS!
Loly las guió hasta un centro comercial. El único en la zona. Y el que a las dos de la madrugada estaba cerrado. Se tuvieron que colar por una reja rota en el lateral, y entrar por la ventana de uno de los baños, que había quedado abierta. Loly les explicó que esa ventana estaba trucada, para que la gente que trabajaba allí pudiera escapar por si había un accidente o un incendio. Yami y Erea, llenas de preguntas, le preguntaron a Loly por qué iban allí, pero ella solo les respondió con una escalofriante sonrisa, y se metió en el ascensor. Una vez dentro, y asegurándose de que nadie las viera, levantó una tapa oculta debajo de los botones que marcaban los pisos, y allí se descubrió otro botón, que debía ser accionado con una llave. Loly buscó en su mochila y agarró la llave que necesitaba, accionó el ascensor y de repente las luces se apagaron, haciendo que Erea y Yami gritaran.
— ¿Qué pasó? ¡Loly! — Yami la buscó en la oscuridad, sin querer poniéndole la mano en un pecho, y haciendo que la muchacha se apartara con un respingo.
— ¡YAMI! —se quejó la muchacha.
— ¡Lo siento! —se disculpo volviendo a buscarla a oscuras. Lo cierto era que el ascenso era para al menos diez o quince personas, y que la oscuridad la ponía nerviosa.
El ascensor dio un traqueteo, y se escuchó cómo un gas se filtraba en él, haciendo que las tres muchachas tosieran. Pocos segundos después, las puertas se abrieron y alguien las estaba esperando afuera con cara enfadada.
— ¡Hola Lucila! —la saludó Loly.
— Ya hice algo ilegal hace menos de doce horas. Tan solo pasaron cuatro horas desde aquello. Son casi las dos de la madrugada. ¿Cómo diablos se colaron en el centro comercial?
— Por la salida secreta de emergencia — respondió Loly sin dudarlo.
Lucila suspiró molesta.
— ¿Y para qué has venido?
— ¿Te acuerdas del proyecto de pérdida de memoria con esas nuevas moléculas?
La cara de Lucila palideció levemente.
— No querrás aplicárselo a una persona, ¿verdad? ¿Es al chico que queríais emborrachar?
— ¿Cómo sabes...? —intervino Erea
— Por la tarde trabajo tres horas en la cafetería a la que fuisteis, y fui yo a que se encargó de darle la bebida a Loly. Cuando salgo de allí y hasta las tres de la mañana trabajo en este laboratorio ayudando con los experimentos. Como se den cuenta de que estáis aquí me matan, idiotas.
— Nos marcharemos rápido. Solo necesitamos que la madre de Erea olvide unas cosas... —Loly sonrió maléficamente.
Lucila suspiró, rendida.
— ¿Qué cosas?
— Bueno...
Erea, Yami y Loly le explicaron con todo tipo de detalles (incluso los que Lucila no quería saber) que había pasado apenas una hora antes. La muchacha prestaba atención con el rostro sorprendido, y básicamente casi se cae de culo al escuchar el error que cometio Loly al enviarle las fotos a la madre de Erea en vez de al ordenador de la misma.
— ¡EREA! ¡PERVERTIDA! ¿Ibas a enviarte fotos de dos hombres en pleno coito? —Lucila se ruborizó al imaginarlo y apartó la mirada.
— Venga, es divertido —le reprochó Erea—. Y sexy.
— ¿Puedes ayudarnos? —le preguntó Yami con los ojos muy abiertos.
Lucila estuvo unos segundos pensandolo, pero al fin suspiró y las tres se tomaron eso como una afirmación, y corrieron a abrazarla.
— ¡Está bien! Pero como el estado se entere, me meteré en un buen lío por vuestra culpa. Si el experimento resulta fallido, tendréis que simular que la madre de Erea sufrió un accidente y la dejó con amnesia, sino pueden meternos en la cárcel y clavarnos una multa que se nos caerán los pantalones.
— Lo prometo... —dijo Erea dudosa, tras unos instantes.
— Muy bien, entonces, permitirme modificar unos momentos la molécula.
Lucila se aproximó a una zona en la cual no las dejó entrar, y cerró una compuerta automática tras de sí. Los minutos (lo cierto es que fueron dos horas) que estuvo allí, se le hicieron eternos.
— ¡ME CAGO EN LA LECHE! ¡SAL DE AHÍ NIÑA RARA! —gritó Erea cuando escuchó por décima vez la llamada de su madre en el móvil.
— ¡NO SOY RARA! —se escuchó a lo lejos, detrás de las compuertas metálicas— ¡SOY LISTA!
Segundos despues éstas se abrieron, y allí se vio a Lucila con un frasco pequeño. Se lo entregó a Yami, quien parecía la menos loca de las tres, y se cruzó de brazos.
— Chicas, solo tenéis una oportunidad. Tenéis que echarle ese frasco entero en la bebida. Si se la pones en la comida, puede causar un caos intestinal que haga que le exploten las entrañas. Lo ideal sería en agua, pero en café, Coca cola, zumo de naranja, de limon... sirve. Aunque si es agua, el tratamiento tendrá un noventa y dos por ciento de probabilidades de salir bien. En cambio, las moleculas del café u otra substancia pueden alterar la molécula que va a hacer olvidar ese incidente a tu madre, así que las probabilidades se reducirán hasta un treinta por ciento. He modificado la molécula para que olvide exactamente ese periodo de tiempo, en el que recibió los mensajes de las fotos... ejem, bueno, ya sabéis. Lo que debéis hacer despues, es coger el aparato y borrar el mensaje. Por cierto, en cuanto tome la substancia, se desmayará durante un periodo de tiempo entre veinte y treinta minutos. Tenéis tiempo de sobra.
Yami observó el frasco, lleno de un líquido transparente, aunque con un tono azulón, con admiración. ¿De verdad una simple molécula podía hacer tanto?
Erea dio un paso al frente y abrazó a Lucila.
— Muchas gracias —lloriqueó.
Lucila sonrió.
— De nada, pero marchaos ya.
Loly sonrió.
— ¡Bye bye!
Y las tres salieron corriendo, y pensando en sus cabezas, cómo diablos iban a ponerle el frasco en la bebida sin que la madre de Erea se diera cuenta.

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¡VALE, VALE! Ya se que no es tan divertido como los anteriores, pero creo que toca momento de presentación de Lucila. Es un personaje curioso... Trabaja en todas partes, y siempre nos da todo tipo de cosas ilegales como habéis podido comprobar... ¡Y mola! Me encanta tener a alguien que nos proporcione todo, y pronto nos inventaremos una historia para ella, y pasará a ser la protagonista.

¿En cuanto a Igor?

Igor... está durmiendo junto con Fernando en la cama abrazaditos. Me encantaría verle la cara cuando se da cuenta de que lo hizo con un chico... A lo mejor incluso le gusta jajaj. Bueno, eso lo veremos en próximos capítulos. Aquí mezclaremos de todo. Habrá gays, lesbianas, heteros, negros blancos, amarillos, rosas... *-* ¡Y unicornios!

No, no, vale, unicornios... no, a menos no hasta que Lucila los invente en su genial laboratorio jajaj.

Un beso a todos, y espero que os gustara :D




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