The Wattpad Avengers - Blog de Reseñas y Ayuda a Escritores: La Vida Normal de un Wattvenger: Capítulo 4

La Vida Normal de un Wattvenger: Capítulo 4

¡Hola, chicos! Bueno, antes que nada, si es la primera vez que lees esta historia, te recomendamos leer los capítulos anteriores, que puedes encontrar en este link. Y si ya los habías leído, ¡disfruta de este! >u<


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Loly, Yami y, por supuesto, Erea, iban corriendo a toda velocidad hasta pasar nuevamente por el elevador y después llegar a la ventana del baño por la que entraron antes.
Loly subió al lavamanos para poder alcanzar la ventana —no era porque no tuviera piernas largas, de hecho, ninguna de las tres tenía suficiente altura para llegar a ella— y mientras estaba de espaldas, intentando cruzar, a Erea se le encendió el foco y…
—¡Eh, Erea! ¡NI SE TE OCURRA FOTOGRAFIAR MI ROPA INTERIOR, DEPRAVADA! —gritó Loly, quien a pesar de estar de espaldas y tener medio cuerpo fuera, de alguna forma pudo sentir lo que la chica tramaba.
—¿C-Cómo sabías q-qué…? —tartamudeaba la aludida, alejando su mano del bolsillo un poco avergonzada, para después añadir con cinismo—: Esta vez no enviaría las fotos al ordenador —Dejó caer los brazos a sus costados, rezongando.
—Erea… ¡Apresúrate, que no tenemos tu tiempo! —exclamó una muy desesperada Yami, resoplando por lo bajo. El tiempo pasaba volando, y como las sorprendieran ahí no la librarían, ni ellas ni Lucila.
—¡Que es Loly, joder! —explotó Erea.
—¡YA VO-AAAAAAHHHHH! —se escuchaba la voz de Loly cayendo por la parte de afuera—. ¡Rápido, Ere! —Presionaba su cabeza con ambas manos para reducir el dolor. Nada grave.
Erea se apresuró y, luego de trepar el lavamanos, se sentó al borde de la ventana, con los pies colgando al exterior. Observaba que era un poco alto —tal vez un metro y medio, pero ella lo sentía como si fueran diez—, mientras Loly la mataba con la mirada.
—Anda, cuida mi celular —dijo, dejándole caer el objeto.
Loly lo tomó sin pensarlo y rápidamente husmeó la galería de imágenes de su amiga: encontró cinco fotos de sus bragas y, cómo no, de las de Yami. Su mandíbula colgando de sorpresa. ¿Cómo rayos se las arreglaba para fotografiar sin que alguien lo notara? ¡¿Cómo?!
De inmediato las borró, fijándose en cada tecla que presionaba para no cometer el mismo error de hace unas tres horas.
Antes de dejar el aparato por la paz, recordó el video de Igor y Franquito, lo buscó y por suerte se había guardado. Sin dudarlo, envió el video a su propio celular. Ya lo vería cuando estuviera en su habitación, probablemente con un tazón de botanas y acompañada por nada más que sus tres gatos.
«Tendremos que apresurarnos antes de que Franquito mate a Igor a…», pero el pensamiento de Loly se vio interrumpido por Erea, quien segundos antes seguía sin saber cómo le iba a hacer para bajar de ahí —seguía muy oscuro a pesar de ser casi las cinco de la mañana—, luego de observar a la chica con su móvil, en un intento por quitárselo, se estiró tanto que, dando un gritito, cayó de frente y con la falda levantada.
—¡POBRE DE QUIEN ME TOME UNA FOTO! —exclamó, levantándose lo más rápido que pudo. Nadie tomó foto—. Me alegra que esta parte esté llena de pasto —dijo, sacudiéndose la hierba.
—Y que lo digas —respondió Loly.
—¡Chicas! —gritaba Yami—. ¿Pueden ayudarme por aquí? —su voz provocaba ecos dentro del baño.
Loly se levantó del suelo y colocó el celular en la mano de Erea, quien la miraba de forma intimidante por eliminar las perver-fotos.
—¡Yo te sostengo, Yami! —gritó Loly, parada justo debajo de la ventana.
Se escuchaban los quejidos de Yami de fondo, pues sostenía el frasco con la molécula y cualquier movimiento era riesgoso.
—¿Pueden sostenerlo? —preguntó Yami a las chicas, extendiéndoles el frasco.
Erea y Loly querían sostenerlo, pero mientras se decidían, el pequeño objeto cayó al suelo, derramándose una pequeña cantidad del contenido.
—¡NOOO! —gritaron las tres. Por la adrenalina, Yami no lo pensó dos veces y en cuanto se sentó al borde de la ventana, saltó. Las dos chicas la miraron con sorpresa al caer de pie.
Erea había rejuntado el frasco antes de que se derramara el resto y aseguró la tapa para después guardarlo en su bolso y de pronto su celular empezó a vibrar —le habían quitado el sonido cuando se hartaron de tantas llamadas por parte de su madre—, pero el número que marcaba la pantalla era desconocido, y ella, con el corazón encogido, pensó que tal vez podría ser un depravado violador de adolescentes como ellas que están fuera de sus casas a tales horas de la madrugada —irónico pensamiento viniendo, precisamente, de ella— o, mucho peor: la policía.
Mientras Erea observaba a la nada, Yami le quitó el teléfono.
—¡Es Franquito! —gritó Yami, con los ojos bien abiertos, después de identificar el número—. Le pasé este número para que llamara en caso de emergencia —añadió, más tranquila.
—¡IGOR! —grataron al unísono las tres.
—¡Contesta, rápido! —apresuró Erea a Yami.
—¿Aló?
—Eh, Yami, de verdad que este tipo es genial en la…
—N-No queremos saber eso —reprochó la chica. Presionó el botón correcto para activar el altavoz y así poder participar las tres en la llamada.
—Es que es genial, debiste ver cómo movía su… —se escuchaba un suspiro del otro lado de la línea por parte de Franquito.
—¿Tan bueno es? —preguntó Erea, con un tono muy animado de repente. Loly y Yami la miraban con cara rara y añadió—: ¿Qué? Simple curiosidad —Sus mejillas ardiendo.
—Claro… Franquito, dinos que está vivo, por favor —suplicó Yami.
—¿Vivo? Lo que le sigue. Pensé que no pondría de su parte, pero sea lo que sea que le dieron en ese bar… ¿Cuándo planean dejármelo de nuevo? —Franquito sonaba muy ilusionado. También sonaba agitado.
Loly y Erea suspiraron, al parecer nunca tendrían oportunidad con el buenazo de Franquito, pues, por lo visto, ahora sólo tenía ojos para Igor.
—No creo que ocupemos otra vez de esos servicios tuyos. Sólo queríamos darle una lección, por pervertido —dijo Loly. «Y para borrar las fotos de Yami y mías. Aunque, por otro lado, fue una suerte que el celular de Erea tuviera cámara infrarroja para grabar a Igor y Franquito», pensó—. Además, él no recordará nada al despertar —se escuchó un suspiro del chico—, por lo que debes dejarlo en su casa.
—¿QUÉ? ¿Cómo coño se supone que debo hacer eso? Deberán de darme algo a cambio, me estoy arriesgando mucho —Franquito había cambiado de tono rápidamente.
—¿Qué quieres? —preguntó Yami.
—Se los diré cuando les haga el favor —fue lo último que respondió.
Se podía escuchar al fondo una voz borracha que decía algo como: «Amorrr, regriesha a la camaaaaa».
Sin duda era Igor.
Después de eso, se cortó la llamada.
—Espero que no pida nuestra virginidad a cambio —dijo Erea más seria que nunca.
—No, no lo creo. Seguro que quiere quedarse con Igor —dijo Yami.
—Como sea, hay que rápido a mi casa, seguramente mi mamá ya debió haber caído dormida —apresuró Erea.


Una hora más tarde de camino —ya eran las seis de la mañana y a las ocho tenían que estar en la escuela—, ya estaban en casa de Erea, en la entrada. Franquito no las volvió a llamar.
¿Qué tan difícil podría ser llevar a un chico a su casa? Encontrar su dirección sería fácil, seguro la tenía en alguna credencial de la escuela.
Erea sacó las llaves de su casa y, haciendo el ruido menos posible, abrió la verja, dejando pasar a Yami y Loly detrás de sí. Sería una suerte que su papá y su hermano también estuvieran durmiendo. Volvió a cerrar la verja y, antes de abrir la puerta a la sala de estar, se detuvo.
—¿Cómo le daremos la molécula? —preguntó en susurros.
—Lucila dijo que la colocáramos en agua, de preferencia —dijo Loly encogiéndose de hombros.
—Pero, ¿y si no hace efecto? Ya se tiró buena parte del frasco —añadió Erea, mordiéndose el labio.
—Ya sé, mejor démoselo así, directo, sin vaciarlo en ningún líquido —dijo Yami.
—¿No será peligroso? —preguntó Erea.
—No lo creo, recuerda que Lucila dijo que con agua funcionaba el  noventa y dos por ciento, así que si se lo damos puro, puede que funcione al cien —respondió Yami con emoción.
Loly ya estaba pensando en un buen accidente que le pudiera ocurrir a la mamá de Erea como para perder la memoria, por si la molécula no funcionaba correctamente.
Por fin, Erea abrió la puerta de la sala de estar y todo estaba en completo silencio. Efectivamente, todos estaban dormidos.
Les hizo una señal a Yami y Loly para que pasaran, en silencio, al cuarto de su mamá.
«¡Jebús nos ama!», pensó Erea, pues su mamá estaba dormida boca arriba, y como muchos saben, la boca puede estar en ocasiones abierta, y este era el caso, así que, mejor oportunidad no podrían tener.
«Fuck yeah!», pensaba Yami.
«¿Una caída de las escaleras? ¡No! La casa de Erea tiene un solo piso. ¿Chocar contra la verja de afuera, tal vez?», Loly aún pensaba en una buena excusa.
Erea se puso al lado de su mamá, con frasco en mano. Lo abrió y vació de a poco el contenido en la boca de su madre.
Todas estaban en la incertidumbre de lo que podría pasar. Cuando Erea terminó con la molécula —fue una suerte que la señora no se ahogara y tragara completamente el contenido—, las chicas esperaron impacientes a que algo ocurriera, pero no pasaba nada. Seguramente tardaría en despertar.
Salieron de la casa sin hacer ruido, y se miraron las unas a las otras.
—¿Creen que funcione? —Erea se mordía las uñas—. ¿Qué pasa si pierde toda la memoria?
—Decimos que chocó con la verja cuando la intentaba abrir, tan fuerte que cayó inconsciente y luego la llevaron al hospital, donde le diagnosticaron eso. Suena creíble, ¿no? —respondió Loly. La verdad le había costado un poco pensar en algo creíble, pero, según ella, lo había logrado.
—Va a funcionar, no te preocupes —añadió Yami, reconfortándola.
Estaban a punto de salir totalmente de casa cuando recuerdan algo. Algo muy importante.
—¡EL VIDEO! —exclama Erea y empieza a correr como loca, poco importándole el ruido que hace y entra a la habitación de su mamá, quien se empieza a remover. Ve el celular en el mueble donde está la lámpara de luz y rebusca el video para eliminarlo.
«El video se eliminará totalmente. ¿Desea continuar?»
—Joder… Sí, mierda —susurra al teléfono mientras presiona «Sí».
Ya eliminado el video, regresa afuera y, más tranquilas, salen a la calle. Erea ya lleva su mochila, por lo que van a casa de Loly y Yami por sus cosas. Ni siquiera tuvieron tiempo de arreglarse, pero en ese momento poco importaba.
Ya de ida a las clases, en el camino se encontraron a Cecilia y Betzabeth, quienes iban comiendo un paquete de galletas —Oreo—, que con gusto ofrecieron a Yami, Loly y Erea. Estas últimas iban pensando en si Franquito había dejado a Igor en su casa, pero dejaron de preguntárselo cuando el móvil de Erea vibró. Era una foto —con el número de Franquito—, en la que aparecían Igor, quien estaba dormido, y el chico muy sonriente. Al parecer estaban fuera de una casa. En el texto se leía: «Ya está en su casa, ¿felices? Más tarde les diré lo que quiero».
—¿Sigues siendo virgen? —preguntó Cecilia a Erea con tono de broma.
—Estamos dispuestas a recibir más Coca-Cola a cambio de proteger tu himen —dijo Betzabeth, sonriente.
Erea estaba un poco avergonzada, pero luego estalló en risa junto a las demás.
Más tarde le dirían a Lucila cómo había salido todo. Por ahora irían a sus clases.
¿Terminarán más tarde esas tres chicas en el infierno por las maldades que hicieron?


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¡Aquí un capítulo más! Muahahaha (?), ¿qué pasará en el próximo? ¬u¬


1 comentario :

  1. Oh Dios, cuantas perversiones, y ya era hora de actualizar (8 ... Comencé a leer esto el año pasado (supongo que antes de unirme a wattpad xD) y seguiré esperando por más *3*

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