The Wattpad Avengers - Blog de Reseñas y Ayuda a Escritores: Supera la procrastinación

Supera la procrastinación


La procrastinación, postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por situaciones más irrelevantes o agradables.
Dejar de lado la escritura es un hábito tan arraigado en nosotros que comenzamos a verlo como algo natural y beneficioso, pues no tardamos nada en pensar cosas como «Si me fuerzo cuando no tengo ganas, solo escribiré cosas horribles. Es mejor esperar a que lleguen las ganas» o «No poseo la experiencia suficiente para afrontar ésta novela. Mejor la pospongo hasta que pueda darle la narración que se merece»  (Pareciera que se nos olvida que, para conseguir esa experiencia, es preciso escribir. Navegar en Facebook o usar el Smartphone para jugar Preguntados definitivamente no nos convertirá en el siguiente Neil Gaiman).

A veces nuestras razones para procrastinar son incluso más reprochables: No escribimos porque sentimos fastidio ante la idea de pensar qué escribir. El fastidio, por lo general, llega después de que hemos experimentado el esfuerzo mental que se requiere para terminar una buena escena. Son tan tediosas las horas que debemos aguantar corrigiendo, que terminamos evadiendo nuestro deber de escritores tanto como podamos.

Transcurren los días, las semanas, los meses…Y no hemos abierto ni un solo documento de Word. ¡El solo pensar en escribir es suficiente para cansarnos! Así que tomamos la inteligente decisión de dedicarnos a otra tarea menos agotadora. «Más tarde tendré las fuerzas necesarias para escribir algo de calidad» nos prometemos cada vez que pasamos junto a la computadora y seguimos de largo, hasta que cae la noche y nosotros caemos con ella.

Sin embargo, aun cuando nuestros dedos no están sobre el teclado, estamos escribiendo la historia en nuestra imaginación; observamos a nuestros personajes como si fuera lo único presente en nuestros ojos, fantaseamos con la historia sin cansarnos, vivimos de antemano las situaciones, escuchamos las frases, la volvemos nuestra segunda realidad. Pronto se convierte en una película mental que reproducimos una y otra vez, donde nosotros, como directores, analizamos cada mínimo detalle para decidir qué cambiar, quitar o añadir.

Lo curioso es que, por más material que acumulemos en nuestra mente, no nos sentamos a escribirlo.  No sabemos cómo podríamos narrarlo y preferimos seguir sin saberlo, total algún día la respuesta llegará sola. Es mejor dejarlo para después.

Pero ¿Qué pasaría si no hubiera un después?

Quiero que consideres esa pregunta con la seriedad que merece. No la tomes como un chiste ni como una mentira barata. Lo único seguro en ésta vida, es que vamos a morir, de resto nada es seguro. Sócrates una vez dijo:
Yo sólo sé, que no sé nada.

Entonces ¿Cómo puedes estar tan seguro de que tendrás un después para terminar las cosas? ¿Cómo puedes saber que cuentas con tiempo suficiente? ¿Cómo puedes estar seguro de que, aunque pospongas las cosas hoy, igual podrás lograrlas en el futuro? ¿Cómo puedes pensar eso cuando es imposible saber si vivirás lo suficiente para tener un futuro?

«Ah, es que la mayoría vive muchos años. ¿Por qué a mí habría de pasarme algo diferente?» Porque las personas a quienes les sucedió algo diferente también pensaban que vivirían muchos años.

No, deja de usar tu voz mental para llamarme extremista o paranoica, tengo la razón al hacer comentarios tan crudos porque no son ninguna mentira.

Imagina que solo te queda un año de vida y, por pensar que te quedaba más tiempo, procrastinaste durante once de esos doce meses. ¿Quién va a terminar tu novela? Nadie; las ideas tan geniales con las que tanto fantaseaste, las frases ingeniosas que planeabas, todo habrá sido enterrado contigo. Todo se habrá perdido de manera fría e irremediable, pues nunca lo terminaste.

¿Crees que, si no lo escribes, alguien será capaz de adivinar en qué estabas trabajando? ¿Crees que alguien podrá continuarlo y agregarle todo lo que tú querías añadir? Nadie continuará tu trabajo porque solo tú, ninguna persona más, pudiste haberlo hecho. Era tu cerebro el que sabía qué debía pasar, cuándo y cómo debía suceder. Solo en tu cerebro existían esos personajes que tanto anhelabas hacer conocidos pero, como moriste, la dura realidad es que ellos también murieron sin que nadie supiera quiénes serían. Solo  tenías el poder de escribir la historia, de escribirlos a ellos, nadie sabrá hacerlo mejor por la sencilla razón de que ¡Fue tu mente quien los creó!

Todos confiamos en la ilusión de que tendremos tiempo suficiente para cumplir nuestras metas, por eso nos permitimos procrastinar. No obstante, es solo una ilusión, lo único que posees para cumplir tus sueños es el ahora. Nunca sabrás cuánto tiempo te queda, por eso debes aprovechar el presente. Mañana, cuando te propongas cruzar la calle para llegar al colegio o a la universidad, podrían fallarle los frenos a ese auto que, supusiste, se detendría al verte. En un mes, podrían diagnosticarte alguna enfermedad. En dos semanas, el estrés podría fulminar tu corazón. O, quizá, ésta misma noche un resbalón en la ducha podría acabar con todo.

La cruda realidad es que, las cosas terribles, pueden suceder en cualquier instante. Nadie está a salvo.

Estoy segura de que no te gustan las cosas que te digo ¿A quién le gustarían? Pero, por muy horribles que sean, son ciertas y también son el mejor impulso que obtendrás para obligarte a trabajar ahora, no después, porque sabrás que no cuentas con ningún después. Usa cada minuto para avanzar con tu novela, mejorarla y terminarla cuanto antes. O, si en realidad escribir no es tu sueño, deja de hacerlo y lucha por tu verdadera meta.

En lo personal, tuve que aprender esto por las malas:  Estaba en mis doce años cuando una arrasadora idea atravesó mi mente y comencé a escribirla pero, por culpa de mi propia inseguridad, de mi propia idiotez, me convencí a mi misma de que si quería escribir algo bueno debía esperar y acumular experiencia. Total, solo tenía doce años, me quedaba toda una vida por delante, nada cambiaría mucho.

El caso es que me equivocaba, las cosas podían cambiar por completo: Hace un año, de manera súbita, falleció mi padre. El hombre más importante en mi vida, él era la razón por la que me esforzaba tanto en lo que hacía: Me gustaba hacerlo sentir orgulloso, vivía para escuchar sus opiniones. Él siempre confío en mi habilidad para escribir, pero aun así, por vergüenza, nunca le permití leer ni un solo capítulo de mi gran proyecto. Sé que si hubiera seguido con mi novela, si hubiera aprovechado el tiempo, la habría terminado y él habría podido conocerla, habría podido conocer esa parte de su hija. Pero no lo aproveché y lo que más me duele es saber que ahora, aunque la termine y la publique, no tendré la oportunidad de mostrársela. Él jamás la leerá.

Ese suceso me enseñó que jamás se tiene un después, solo se tiene un ahora. Sé que debo asegurarme de terminarla pronto, mientras todavía estén conmigo las otras cuatro personas que más me importan en ésta vida, mientras todavía esté a tiempo de enseñárselas. La posibilidad de no publicarla a tiempo, de que me tarde mucho y deba sufrir otra perdida, es tan dolorosa que me da fuerza para escribir hasta las cuatro de la mañana, para investigar, para corregir y reescribir tantas veces como sea necesario. Me da la fuerza para decir NO a todo lo que solo me robe tiempo.

Eso es lo que me mantiene enfocada en cumplir mi sueño y, me atrevo a creer, que también podría ayudarlos a avanzar con el suyo. 

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